martes, 25 de octubre de 2016

Sexualidad

Nuestra vida sexual viene determinada por nuestras experiencias previas, por cómo nos han educado en esta área, por cuál ha sido nuestro aprendizaje y cómo lo hemos llevado a cabo. Somos seres sexuados y vamos descubriendo nuestra identidad y nuestra orientación sexual.

La sexualidad es mucho más que la práctica de determinadas conductas, son actitudes, sentimientos, el componente social, biológico o cultural de cómo vivimos nuestro sexo (si nos consideramos heterosexuales, homosexuales, si somos más femeninos, etc.), cada persona lo vive de manera diferente y se va construyendo a lo largo de nuestra vida, y la manera que tenemos de expresar nuestra sexualidad es a través de la erótica.

Es una de nuestras funciones básicas y es un área importante para nosotros, no solo para reproducirnos, sino para comunicarnos de una manera diferente con nuestra pareja u compañero, por su valor reforzante, ya que es placentero en sí mismo y para sentirnos deseados y desear a nuestro compañero.



Es una parte esencial cuando tenemos pareja de una manera bidireccional, puede ser que debido a ciertos problemas en otras áreas (reparto de tareas en el hogar, problemas en el trabajo, etc.) está puede verse afectada, o al revés, si hay algún problema que surge en el área sexual, se vea repercutido en otro área. Pero esta relación también se puede dar en personas solteras.

A pesar de que es un tema del que se empieza a hablar de una manera más natural, aun podemos encontrarnos con dificultades a la hora de compartirlo con nuestro entorno o profesionales, y a pesar de que es una parte íntima de nuestra vida, podemos aprender a normalizarlo.

¿Qué es la respuesta sexual?

Abarca un conjunto de cambios psicofisiológicos asociados a conductas eróticas. El término psicofisiológico hace referencia a dos aspectos, por un lado encontramos cambios físicos en nuestro organismo; la erección, lubricación, aumento del clítoris, etc. y por otro lado está la parte psicológica, que abarcan desde nuestras percepciones sensoriales, hasta pensamientos o valoraciones sobre la satisfacción de nuestras conductas eróticas.
No debemos olvidarnos de las emociones, ya que también juegan un papel importante y van de la mano de nuestros pensamientos y percepciones sensoriales, de manera que si estamos centrados en ese momento, nos dejamos llevar y focalizamos la atención en las sensaciones corporales, es más probable que disfrutemos de esa experiencia. Sin embargo, si nos enredamos en pensamientos o preocupaciones durante las prácticas eróticas, pasando por alto las caricias, besos, etc. con la idea de que termine rápido, o hemos tenido una mala experiencia previa es más probable que no disfrutemos.

La respuesta sexual es un continuo donde se sitúan determinadas fases que van en progresión con las conductas eróticas, es decir, que no se puede saltar de una fase a la otra, hay que pasar por las diferentes pases para poder llegar al orgasmo.

  • Deseo; se caracteriza por tener un componente psicológico, ya que el deseo es fruto de pensamientos o fantasía sexuales o del propio deseo tener relaciones eróticas.
  • Excitación; es una fase con componente físico, se van dando cambios en nuestro organismo que nos preparan para poder mantener relaciones eróticas; se produce la erección, se hincha el clítoris, comienza la lubricación, etc. Pero no todo es físico, encontramos una parte psicológica de sensación de excitación subjetiva.
  • Orgasmo; al igual que la excitación, la mayor parte de esta fase viene determinada por cambios físicos; se produce la eyaculación, hay contracciones en el útero y vagina, etc. Encontramos también componentes cognitivos de sensación de placer y estado de placer
  • Resolución; el organismo poco a poco va volviendo a su estado inicial y aparecen sensaciones de alivio y un estado de relajación.
  • Satisfacción sexual; esta última fase tiene sobre todo un componente subjetivo psicológico, ya que se realiza una valoración de cómo ha sido la experiencia erótica, si ha sido positiva o si hay algo que se puede cambiar para mejorarla.

¿Qué problemas pueden surgir en cada fase?

Los problemas relacionados con esta área que impiden tener una satisfacción de la sexualidad son las disfunciones sexuales. Provocan malestar y afectan en nuestra calidad de vida. Vienen determinadas por numerosos y diferentes factores; se pueden deber a factores médicos, orgánicos, educativos, etc. pero los que más peso suelen tener y que explican el mantenimiento del problema son los psicológicos. 
Se agrupan dependiendo de la fase de la respuesta sexual en la que se encuentre la problemática.
Las terapias psicológicas están muy indicadas para el tratamiento de disfunciones sexuales porque tienen un porcentaje de eficacia bastante elevado (entorno al 80-85%).

Las disfunciones que nos podemos encontrar:

Fase de Deseo:
Bajo o elevado deseo sexual
Deseo sexual inhibido; ausencia de deseo
Aversión al sexo


Fase de Excitación:
Excitación sexual inhibida: se caracteriza por la dificultad de excitarse.
Disfunción eréctil: se caracteriza por problemas para conseguir o mantener la erección.


Fase de Orgasmo:

Alteraciones en la eyaculación; eyacular o después de lo deseado
Anorgasmia; dificultad para tener orgasmos
Insensibilidad orgásmica; dificultad para sentir el orgasmo o placer de este.


Otras disfunciones 

Vaginismo: dificultad para la penetración debido a la contracción de los músculos de la vagina involuntaria.
Dispareunia: dolor físico en los genitales femeninos durante las relaciones sexuales
Evitación sexual: miedo o ansiedad intensa ante relaciones eróticas.

 "El hablar de sexo ha dejado de ser tabú, a cambio de que el tabú sea el propio sexo."(Valérie Tasso)


martes, 11 de octubre de 2016

Relaciones Sociales y emociones

"No conozco el secreto del éxito. Pero el secreto del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo" (Bill Cosby)

El ser humano es sociable por naturaleza, pero no por ello quiere decir que nos sepamos desenvolver bien socialmente.

Las habilidades sociales nos sirven para establecer relaciones sociales satisfactorias, pero no solo dependen de nuestras herramientas o de cómo nos desenvolvemos, también de cómo gestionamos nuestros sentimientos y los de los demás.

Las relaciones sociales pueden ser un arma de doble filo, ya que por un lado pueden ser nuestra fuente de bienestar, nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, nos sirve como efecto amortiguador cuando surge un problema en otra área y nos hace sentirnos bien al disfrutar de planes que deseamos con nuestros amigos o familiares fomentando nuestro autoconcepto (imagen que nos formamos de nosotros mismos) y autoestima (valoración de esa imagen que hemos creado).

Pero por el otro lado, pueden generarnos mucho malestar si no sabemos cómo podemos afrontar un determinado problema o conflicto, teniendo repercusiones en nuestro estado psicológico, ya que puede aparecer emociones cómo frustración, ira o tristeza, que mantenidas en el tiempo y sumadas a un déficit en las relaciones sociales pueden favorecer la aparición de ansiedad o depresión.

Muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones y decimos cosas que nos vienen a la cabeza de las que luego nos arrepentimos. Estas situaciones, generalmente y aunque no todas, vienen determinadas por nuestras vivencias, experiencias sociales previas e interpretación que hagamos de la situación, es decir, que ante una misma situación social dos personas van actuar de maneras diferentes porque ambas personas no interpretan de la misma manera el lenguaje no verbal o el mensaje que se trasmite.

Esto afecta en la calidad de nuestras relaciones, porque algunos de nuestros pensamientos anticipatorios pueden determinan nuestra conducta, por ejemplo si yo estoy en una parada de autobús y una persona me sonríe puedo interpretar que le agrado a esa persona o puedo interpretar que estoy haciendo el ridículo porque esa persona se está riendo de mí.

Otro aspecto que influye en la manera de relacionarnos es expresar nuestra opinión. Muchas veces se generan conflictos entre dos personas que no están de acuerdo, favoreciendo que haya algún conflicto entre ambas. Por ello es importante gestionar cómo trasmitimos nuestra opinión y cómo hacerlo, debido a que nos tenemos que adaptar tanto a como trasmitir a la persona que tenemos delante, cómo a la situación de una manera correcta.

Pero ¿qué es de manera correcta?  Consiste en saber qué es lo que quieres en cada momento, en no exigir, en aceptar nuestras limitaciones, en luchar por conseguir nuestros objetivos, en mantener tus ideales y en aprender a manejar y comprender de manera adecuada sus sentimientos o emociones y las de los demás.

Por lo que no es cuestión solo de aprender a cómo y cuándo decir las cosas, también hay que aprender a gestionar nuestras emociones para no arrepentirnos de lo que hacemos o decimos cuando nos convertimos en pura emoción.

¿Cómo podemos gestionar las emociones?

En primer lugar tenemos que conocernos, conocer cuando empezamos a enfadarnos o a qué sentimientos se están despertando y discriminar cuando nuestras emociones se encuentran en los niveles más altos.
Podemos verlo como si fuéramos un semáforo, cuando estamos en verde, nos encontramos bien, tranquilos, cómo normalmente somos. En ámbar es cuando empezamos a encontrarnos irritables, molestos, notamos que nos estamos enfadando. Por último, el semáforo se pone en rojo porque estamos realmente enfadados, en este estado no es aconsejable tomar decisiones o realizar algún acto, ya que al estar influenciados por una emoción intensa, es más probable que  crucemos ciertos límites que si estamos en luz verde no haríamos, porque conocemos las repercusiones que pueden tener.

Diferenciar en que color nos encontramos es uno de los primeros pasos para poder utilizar herramientas con el objetivo de reducir el número de veces que llegamos al color rojo, y es que no actuamos igual si estamos tranquilos que si estamos enfadados.

Técnicas cómo relajación (respiración abdominal, relajación muscular, etc.), autoinstrucciones (frases cortas que nos orienten a nuestro objetivo), tiempo fuera (sobre todo cuando nos encontramos en el color rojo, tenemos que distanciarnos de la situación que nos está generando esa emoción) o reestructurar pensamientos (aprender a darnos cuenta de si lo que pensamos es lo que nos está causando un estado emocional determinado, de si algún pensamiento anticipatorio está impidiendo que sigamos avanzando o si tenemos algún prejuicio que nos está frenando y aprender a poner alternativas a esos pensamientos) son algunas de las que puedes utilizar para gestionar las emociones.

Las relaciones sociales se ven afectadas cuando aparecen los conflictos o discrepancias entre amigos o familiares, el aprender a gestionar las emociones no solo las propias, también las de los demás, es clave para una mejor calidad de nuestras relaciones al favorecer un ambiente más cómodo y agradable, y al fomentar el bienestar psicológico y social.


En resumen podemos decir que para desenvolvernos bien socialmente, no solo dependemos del contexto, también dependemos de la gestión que nosotros hagamos de nuestras emociones.