miércoles, 10 de febrero de 2016

No hagas algo de lo que más tarde te arrepentirás

¿Cuántas veces estamos tan cabreados/tristes/ansiosos que hacemos cosas de las que más tarde nos arrepentimos?



Una emoción es una experiencia que conlleva sensaciones corporales, pensamientos e impulsos para actuar de una determinada forma.

En ocasiones tenemos emociones tan intensas que perdemos el control y sólo podemos pensar en realizar una acción que alivie o reduzca la intensidad de la emoción (por ejemplo, dar un portazo). Este alivio es completamente pasajero, al rato nos arrepentimos y la emoción aumenta de nuevo, por lo que necesitamos hacer algo todavía peor para reducirlo, estamos dentro de un círculo vicioso.
La mayoría de las emociones van y vienen y si las dejamos en su curso natural, desaparecen en cuestión de minutos. Si es más duradero, es un estado de ánimo, no una emoción y por lo tanto, será menos intenso (por ejemplo, podemos pasar un día con mal humor, pero el ataque de ira sólo es momentáneo).

Cada emoción viene seguida de una serie de impulsos que creemos que reducen esa emoción:

  • ·         Ira: romper algo, gritar, insultar, mandar a la mierda, echar a correr, conductas autolesivas, pegar…etc.
  • ·         Ansiedad: huir, gritar, comer, fumar, beber…etc.
  • ·         Tristeza: no hacer nada, quedarte en la cama, no comer…etc.


Cuando realizamos estos impulsos, aumenta nuestra emoción y aparece un nuevo impulso, quizá incluso más intenso que el primero, no podemos dejarnos llevar por estas conductas inducidas por las emociones, no somos títeres de esa emoción, no tenemos que permitir que por el hecho de que aparezca un impulso, tengamos que hacerlo, no puede determinar nuestra conducta.

Cuando aparezca una emoción intensa, observa y comprende esa emoción, escucha el mensaje que te manda (por ejemplo, si estás cabreado el mensaje es: “Alguien te está ofendiendo, habla con él”, y observa si es falsa alarma o no), observa sin juzgarte (la autocrítica empeora las emociones) los impulsos que te provoca esa emoción, y decide si merece la pena realizarlo o más tarde nos arrepentiremos.


¿Qué significa dejar que las emociones sigan su curso natural?

Con esto nos referimos a que las emociones presentan una curva de intensidad y duración, suele aumentar rápidamente viviéndolo como algo bastante desagradable, pero toda emoción si dejamos que siga su curso natural, va reduciendo su intensidad y termina por desaparecer, las emociones se agotan rápidamente (por ejemplo, en la ansiedad hay una fase de alarma, fase de resistencia y fase de agotamiento, desaparece).

A continuación, os contaremos el día de Silvia:

“Silvia tuvo un día estresante en el trabajo, durante una reunión, su jefe criticó un informe mal redactado, tras lo cual, encomendó dos proyectos más con unos plazos imposibles.  Silvia sentía tanta impotencia que no aguantaba la emoción, por lo que se fue a jugar al tenis con una amiga para intentar reducir esa sensación, y aunque normalmente disfruta del tenis, ese día estaba tan preocupada que se sentía irritable y al no ser capaz de concentrarse, falló varias pelotas seguidas, fue cuando sintió el impulso de lanzar la raqueta contra el suelo. Su amiga no dijo nada al respecto, pero tras una excusa se fue.

Silvia se sentía más impotente que antes de jugar al tenis, por lo que de camino a casa, sentía que todos los conductores iban muy lentos y se empezó a frustrar cada vez más. Su emoción en vez de reducir, aumentaba.

Una vez en casa, a Silvia no le apetecía hacer la cena, ni ducharse, por lo que sólo comió patatas fritas y bebió una copa mientras veía la tele para intentar reducir ese sentimiento tan negativo y tan frustrante, se quedó dormida y se despertó a las 4 de la mañana, con dolor de espalda, sin sueño, y se sentía mal por haber comido tantas guarrerías y haber bebido una copa, cuando llevaba mucho tiempo sin hacerlo.

Por la mañana, al despertar a las 6:30, se acordó que no se había duchado, se encontraba fatal por el alcohol, estaba agotada y no había redactado los informes, por lo que estuvo torturándose por su falta de autocontrol.

Cuando estamos irritados o furiosos a menudo hacemos cosas de las que más tarde nos arrepentiremos, normalmente sabemos que nos estamos comportando imprudentemente pero perdemos el control ya que esto alivia por un momento la intensidad de la emoción, pero ese alivio es pasajero.

La necesidad de reducir una emoción negativa nos lleva a realizar impulsos que de primeras lo reducen, pero más tarde  lo hacen más grande, por lo que no sólo no redujo la impotencia en el ámbito laboral, sino que, se distanció con la amiga del tenis, bebió… La impotencia se convirtió en vergüenza, culpa, rabia, arrepentimiento…etc.

Si Silvia se hubiera centrado en su impotencia, sabría que es un sentimiento negativo pero que pasará solo en pocos minutos si le dejamos que viva su curso natural y no nos sentimos mal por sentir eso, ya que las emociones las tenemos todos.”


Escucha tus emociones y no dejes que éstas te dominen

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