martes, 14 de noviembre de 2017

Kusunoki


A finales del siglo XIII, cuando en Japón se enfrentaba a las invasiones mongolas, la casta y filosofía samurai iba tomando más fuerza, gozaban de prestigio, no solo social, sino reconocido también por emperadores y la nobleza japonesa.

Un arte muy prácticado por estos guerreros fue la poesía, era parte de la tradición, cultura japonesa y de su religión, la rama zen del budismo.
Dicha poesía hacía alusión a la sencillez, a la improvisación, espontaneidad, un arte que te permitía estar en contacto con ese momento presente, describirlo mediante palabras claras, concretas y directas.

Por lo que si un poeta quería describir a un pájaro, tenía que transformarse en pájaro para poder transmitir a los oyentes que tipo de pájaro era, que colores tenía, cómo sentía sus plumas, sus alas, que sensaciones encontraba en él.

Los ritmos de vida actuales son mucho más rápidos que los anteriores, vamos con prisas de un sitio a otro, estamos acostumbrándonos a trabajar bajo mucha presión y a vivir con estrés. Es muy importante cómo gastamos nuestro tiempo, como lo pasamos, porque va a determinar la manera en la que se vayan formando nuestras experiencias, nuestra personalidad, la manera de afrontar las cosas.


A veces necesitamos detener nuestros ritmos de vida, fijarnos en el aquí y ahora y pausar el botón automático. Darnos cuenta de cómo nos encontramos, cómo nos sentimos, que nos transmite nuestro cuerpo, las personas que tenemos a nuestro alrededor, ser conscientes de que tenemos que tomarnos las cosas con calma y aprender a manejar nuestra rutina de una manera más pausada. 

Como los poetas japoneses, sentir y estar en contacto con nuestra vida, no que nuestra vida mantenga el contacto con nosotros de vez en cuando. Estar en contacto con nuestras emociones nos enseña a conocer como reaccionamos ante determinadas situaciones, analizar si nuestra reacción emocional se corresponde con dicha situación y ver si el mensaje que nos transmite la reacción emocional es apropiado. Las prisas no son buenas consejeras y aprender a tomarnos las cosas con otra perspectiva y con cierta distancia emocional nos ayuda a tener nuestras opciones más claras para poder poner soluciones.

"Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí." (Confucio)

viernes, 27 de octubre de 2017

La Zorra y las uvas


Cuenta la fábula que;
Viendo una zorra unos hermosos racimos de uvas ya maduras, deseosa de comerlos, buscó el medio para alcanzarlos, pero no siéndole de ningún modo, y viendo frustrado su deseo dijo para consolarse: "Estas uvas no están maduras".

A veces la falta de confianza nos lleva a dejar de lado nuestra motivación. Si creemos que no somos capaces de alcanzar un objetivo, estamos perdiendo la guerra antes de comenzar la batalla, tenemos que reunir nuestros recursos para hacerle frente e intentar no justificarnos como la protagonista de la fábula.
Los pensamientos o creencias que tengamos pueden ser determinantes para que aparezcan determinadas emociones o inseguridades que nos frenen, si no hacemos una adecuada gestión de ello.

No tengamos miedo de cometer errores, porque es parte del proceso de aprendizaje, no tengamos miedo de pedir ayuda, porque es parte del proceso de aprendizaje, no tengamos miedo de salir de nuestra zona de confort para enfrentarnos a cosas nuevas, porque es parte del proceso de aprendizaje.


"Aprender es descubrir que algo es posible".
(Krishnamurti)

miércoles, 14 de junio de 2017

Emociones

¿Qué son las emociones y qué funciones cumplen?

El rostro constituye uno de los primeros estímulos que recibimos al nacer y desde el punto de vista biológico, psicológico y social es el objeto visual de mayor significación para el ser humano (Lopera, 2000).
Es una reacción que se presenta en nuestro cuerpo ante una situación determinada, dentro de esta reacción encontramoscomponentes cognitivos (pensamientos, creencias o actitudes),fisiológicos (que signos aparecen ante una emoción, cómo por ejemplo, respiración agitada, aumento del ritmo cardíaco) yconductuales (qué hacemos cuando aparece esa emoción, cómo por ejemplo huir ante una situación que nos genere miedo).
Tienen un componente innato, ya que las emociones cumplen un papel adaptativo, nos conectan con el mundo, y un componente de aprendizaje derivado de la experiencia directa, al enfrentarnos a esas situaciones que lo generan, o por observación (qué conclusiones sacamos de esas experiencias, como hemos valorado esa situación y cómo vamos a interpretar esa situación a partir de ahora). Por ejemplo, una persona que ha sufrido un episodio en el que un perro le ha mordido, puede desarrollar fobia a los perros, y es que, a pesar de que su cuerpo reacciona ante un peligro o amenaza real (la mordedura del perro), dicha persona puede generalizar esa interpretación de amenaza en situaciones futuras que no se correspondan con un peligro potencial. Es decir, si esta persona, una vez que el episodio ha finalizado, interpreta que cualquier perro o estímulo que se asocie con un perro (collar, veterinario, etc.) es un peligro real, la interpretación de amenaza desencadena una reacción emocional de miedo intensa. Dichas interpretaciones o creencias que esa persona tiene de que los perros van a morderle, puede que cada vez sean más intensas o frecuentes y probablemente evite situaciones en las que pueda encontrarse con perros, por miedo a que le puedan hacer daño. Por lo que a pesar de que ese miedo en su origen fue una respuesta innata ante un peligro real, se ha condicionado una respuesta de miedo ante estímulos que esa persona interpreta como amenazantes y que no se corresponden con la situación de peligro real.


Las emociones nos preparan para adaptarnos al entorno y poder así resolver las situaciones que se nos presentan, nos dan ese empujón para poder afrontarlo. Sin embargo, una vez que la situación ha pasado, la interpretación que demos es muy importante, ya que va a influir en situaciones futuras. En esta interpretación hacemos un balance sobre nuestras necesidades, motivaciones o metas.
Por ello, cada uno de nosotros tiene su manera de vivir o experimentar las emociones, dependen del aprendizaje, de nuestro estilo de afrontamiento, nuestra personalidad, la manera de interpretar la situación, etc.
¿Qué emociones básicas encontramos y que mensaje tienen?

Hay autores que han recogido evidencia a favor de la universalidad de siete expresiones faciales correspondientes a las emociones identificadas habitualmente cómo básicas o primarias, que son; miedo, ira, tristeza, alegría, sorpresa, asco y desprecio (Ekman, 1997; Ekman y Heider, 1988).

Al ser emociones que se han encontrado en diferentes culturas, nos hace pensar que probablemente han evolucionado para ayudar a comunicar nuestros estados emocionales a los demás y provocar en ellos una respuesta acorde a este estado emocional (Fridlund, 1994).

Encontramos entonces que cada emoción tiene una función adaptativa, permiten la supervivencia y poder así, resolver los problemas que se nos presentan, por ello el miedo aparece cuando sentimos que estamos en peligro y nuestro cuerpo se prepara para luchar o huir. La ira nos indica que nosotros, nuestro entorno, nuestros intereses o necesidades, están siendo amenazados y nuestro cuerpo al igual que en el miedo se prepara para hacer frente a esa agresión o huir de ella. La tristeza surge ante las pérdidas importantes, nuestras energías se encuentran más reducidas, suele aparecer el llanto como forma de canalizar ese “dolor”, nos centramos en las consecuencias de esa pérdida, en reestructurar nuestro entorno. La alegría nos trasmite tranquilidad, nos aleja de las preocupaciones. La frustración nos indica que no hemos obtenido el resultado que deseábamos.

Hay muchas emociones, no sólo las básicas, y cada una de ellas nos trasmite un mensaje diferente, tenemos que pararnos para escuchar ese mensaje, ver si se corresponde con la situación o si es una falsa alarma y la reacción o interpretación no se corresponde o es demasiado intensa.

¿Se pueden eliminar las emociones que nos causan malestar?

Como he mencionado antes las emociones son adaptativas y nos vinculan con nuestro entorno, si eliminásemos las emociones que nos causan malestar y nos quedamos solo con las agradables, hay situaciones que no tendrían mucha coherencia, y nuestra supervivencia podría verse afectada. Por ejemplo, en el fallecimiento de una persona de nuestro entorno, la tendencia natural de la emoción es tristeza, estar alegre en esa situación no tiene mucho sentido. 
Además, dependiendo del vínculo con esa persona, la emoción será más o menos intensa. Un duelo es de las peores situaciones a las que se enfrenta una persona, por eso lleva su tiempo el manejo de todas las emociones que se presentan, de canalizar ese dolor, es un proceso muy duro, en el que siempre va a haber una emoción asociada a la persona fallecida.

¿Estamos acostumbrados a no entrar en contacto con las emociones “negativas”?

Sí, estamos acostumbrados a querer encontrarnos bien y a veces tenemos etapas o temporadas que estar mal, es lo más normal del mundo y tenemos que canalizar esas emociones, trabajar con ellas, aprender a reconocerlas y manejarlas.

¿Se puede aprender a manejar las emociones?

Si, las emociones van a aparecer, es inevitable, pero lo que sí que podemos manejar es la intensidad de esas emociones.
El primer paso es identificar qué tipo de emociones surgen en nosotros, aprender a detectarlas, ver qué mensaje nos trasmiten para saber si nuestra reacción emocional es adecuada o no a la situación. Aprender a aceptar y expresar las emociones, no intentar reprimirlas, ya que cuanto más la reprimamos más intensas se van a hacer. Técnicas o  herramientas de regulación emocional. 

Otras técnicas cómo la relajación, autoinstrucciones, reestructuración cognitiva, etc. son herramientas para complementar este manejo de las emociones.


 Para terminar os dejo el enlace de una de las escenas de la película Del Revés: 




miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Qué es ser pareja?


¿Qué significa para nosotros tener una pareja o ser parte de una pareja?, es elegir con quien compartir tu vida, tus objetivos, establecer cuáles son nuestros límites como pareja y a nivel individual, qué tipo de compromiso tenemos, cómo es nuestra intimidad, nuestra comunicación, cómo hacemos frente a los problemas, la manera de relacionarnos entre nosotros, cómo negociamos los planes que a ambos no nos apetece o gusta hacer, qué papel desempeñamos, cómo nos entendemos en nuestras relaciones eróticas, etc.
Es mucho más que mera interacción, por lo que a veces es normal que puedan surgir conflictos entre las parejas debidos a diferencias de opiniones, pero sobre todo a la hora de ceder, porque ambos miembros de la pareja quieren ganar y no nos damos cuenta de que es más optimo que uno de los miembros gane y el otro pierda, a que pierdan ambos de ellos.  Y es que en una pareja la democracia no sirve, porque es cosa de dos.
Cada pareja tiene su forma de tratarse entre ellos, cómo gestionan sus conflictos, qué limites establecen entre ellos y entre las personas de su alrededor, la gestión del tiempo de cada uno y el de ambos, etc. Hay muchas tipologías para el amor y mientras que a ningún miembro le genere malestar las conductas del otro, no suelen aparecer los conflictos.
El problema surge cuando en vez de cooperación, aparece la competitividad, en vez de mantener tu independencia y tu “libertad”, aparece la dependencia, en vez de tener en cuenta tu opinión, aparecen las imposiciones, en vez de compartir tú tiempo con tu pareja, aparecen dificultades para mantener el vínculo.
Algunos de estos problemas pueden surgir de creencias o tópicos sociales que tomamos como verdades absolutas, y por ello vamos a desmentir algunos de ellos.
-          “Mi media naranja”; nos centramos en buscar a esa persona ideal, perfecta, esa persona que nos complementa. Creamos una idealización y exigencia a la hora de buscar pareja, por lo que es difícil que una persona sea compatible con otra al 100%. No es cuestión sólo de elegir a nuestra pareja, la cuestión es aprender a gestionar los conflictos que pueden aparecer.
-          “No me entiende” o “no tiene razón”; a veces estamos tan metidos en nuestro punto de vista, que creemos que es una única verdad y en realidad hay tantas verdades cómo personas hay en el mundo.  Tenemos que conocer el punto de vista de la otra persona antes de anticipar o dar por hecho por qué ha actuado de esa manera. Sentarnos y comunicarnos con nuestra pareja es fundamental.
-          “Somos uno”; tendemos a pensar que hay que hacerlo todo en pareja y en verdad tenemos que cultivar cierta independencia. Tenemos que tener nuestro jardín privado, actividades que realicemos con amigos, familiares o solos.
-          “Tiene que cambiar”; querer cambiar a la otra persona es un error, porque tenemos que querernos tal y como somos. Cuando intentamos cambiar a una persona la relación puede verse afectada de una manera negativa.
-          “Él o ella es el que me tiene que pedir perdón”; dos personas no discuten si una no quiere, no hay que buscar culpables, sino aprender a gestionar problemas y buscarles solución.
-          “Es muy egoísta”; si llamo a mi pareja egoísta es un signo de egoísmo en sí, porque estamos trasmitiendo que la otra persona no está actuando cómo nosotros queremos o cómo no compartimos.
-          “Con mi pareja tengo que darlo todo”; cuando damos todo por una persona nos estamos olvidando de algo importante, nosotros, tenemos que cuidarnos primero para poder estar bien y disfrutar con los demás. Por ejemplo, nosotros tenemos en una huevera doce huevos, se los damos a nuestra pareja y meses después, rompemos con ella o él, hemos perdido todos nuestros huevos, por lo que será más doloroso para nosotros volver a empezar, que si en vez de doce huevos hubiéramos puesto 4.

La relación de pareja hay que cuidarla, ya que es la pareja la que tiene que fomentar y cultivar el amor y no al revés. Tenemos que respetarnos a nosotros mismos y entre nosotros, aceptar y aceptarnos, decir de manera adecuada con lo que no estamos de acuerdo, reforzar a nuestra pareja y a nosotros mismos, etc.

“Y es que el amor no necesita ser entendido, simplemente necesita ser demostrado”

(Paulo Coelho)

martes, 1 de noviembre de 2016

Duelo

"El duelo nos permite sanar, recordar con amor y no con dolor. 
Es un proceso de clasificación. 
Una por una, nos desprendemos de las cosas que se han ido y lloramos. 
Una por una, tomamos las cosas que han pasado a formar parte de quienes somos y seguimos adelante."  

                                                               Rachel Naomi Remen

¿Qué es el duelo?

Es una reacción adaptativa emocional, física, psicológica y conductual ante la pérdida de un ser querido, de una ruptura sentimental o un momento significativo para nosotros.
Es uno de los eventos vitales más estresantes a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, y es que, estamos rompiendo un vínculo con una persona muy importante para nosotros.
Esta reacción es un proceso normal que aprendemos a gestionar progresivamente, pero que conlleva dolor y sufrimiento con mucha intensidad.

Cada persona vive el duelo a su manera, no hay dos personas que vivan igual un duelo porque cada persona tiene determinadas experiencias previas vividas, diferente relación con la persona fallecida, diferentes formas de afrontar los sucesos, diferencias invidivuales, etc., por lo tanto la intensidad y la duración de un duelo varía de unas personas a otras.

En mi opinión para conocer si hemos superado un duelo, no se trata de contar cuantos meses han pasado desde el fallecimiento de esa persona, sino de la gestión que hemos realizado de este proceso.
Si que hay que incidir que cuando este proceso se mantiene mucho en el tiempo con una sintomatología determinada, es conveniente buscar ayuda de un profesional porque puede complicarse este proceso y puede ser perjudicial para nosotros.

¿En qué consiste el proceso?

Cuando alguien de nuestro entorno fallece todo nuestro mundo cambia; nuestra vida cotidiana, nuestra estructura familiar, social o sentimental, nuestra realidad se torna en caos y de alguna manera nos sentimos más vulnerables o inseguros al perder a esa figura con la que compartíamos un vínculo y un apego, por lo que también nos sentimos vacíos o extraños, cambia nuestra manera de ver la vida y de sentirla (suele ser de manera temporal). 

Para poder volver a reestructurar nuestra vida tenemos que ir poco a poco, sin pasos bruscos, asentando los pasos que vamos dando, sin prisas por "estar o encontrarnos bien". Todo este proceso se va realizando de una manera progresiva en la que vamos cerrando distintas etapas, en donde podamos recordar a la persona fallecida sin mostrar tanto dolor o sentimientos de malestar tan intensos y es que, siempre va haber una emoción asociada al recuerdo de esa persona, pero lo que queremos conseguir es que no sea tan intenso.

¿Cómo se puede manifestar?

Lo que más malestar nos genera es a nivel emocional o afectivo, nos produce mucho dolor, intensas emociones o sentimientos como tristeza, ira, ansiedad, culpa, inseguridad, alivio (si la persona que ha fallecido a pasado por un proceso complicado de enfermedad), soledad, confusión, etc.
También a nivel cognitivo encontramos pensamientos que van en sintonía con estas emociones; por que ha tenido que ser ella/él, no es justo que se haya ido, le echo mucho de menos, me encuentro muy solo/a, etc. 
Encontramos manifestaciones físicas cómo falta de energía, sensación de estar desconectados con el mundo, nudo en la garganta o en el estomago, alteraciones del sueño o pesadillas, etc.
Por último nuestras conductas también se ven afectadas; lloro excesivo, dormir más o menos, comer más o menos, hacer más cosas, recordarle constantemente, hablar con el fallecido, etc.

Estas manifestaciones son completamente normales, están en el proceso del duelo y aunque a veces sean muy intensas o pensemos que nos estamos volviendo locos, tenemos que normalizarlas.

Cómo gestionarlo

Cómo he mencionado antes existen una serie de procesos que elaborar para facilitar el duelo:

  • Aceptar la pérdida, tenemos que asumir que la persona fallecida se ha ido y no va a volver, Es un proceso muy duro, porque es realmente cuando somos conscientes de la magnitud de la situación.
  • Gestionar el dolor de la pérdida, hay que entrar en contacto con el dolor de la pérdida, con los sentimientos y emociones, tenemos que reconocerlos o identificarlos y aprender a modularlos, ya que si los intentamos evitar o reprimir estos se tornarán más intensos o más frecuentes y puede prolongar el duelo. Preguntarnos ¿Por qué estoy enfadado/a? ¿Podría haber hecho algo más? ¿Qué echo de menos?. Si necesitamos hablar sobre la persona fallecida, hablemos sin miedo, si necesitamos llorar, lloremos, tenemos que ir canalizando los sentimientos y dolor.
  • Normalizar nuestros sentimientos, emociones, síntomas físicos o conductas.
  • Adaptarnos a vivir sin la persona fallecida, aprender a tomar nuestras decisiones, a aumentar nuestra autonomía y fomentar ser personas independientes, pero sobretodo, dotar de sentido la pérdida, ver si encontramos algún aspecto positivo, por ejemplo, que la persona que se ha sufrido una enfermedad terminal no ha sufrido más.
  • Encontrar un espacio para la persona fallecida, establecer un vínculo para poder recordarla cuando nosotros queramos y saber que sigue estando presente en nosotros, pero tenemos que seguir con nuestra vida.
  • Anticipar fechas que sean importantes para nosotros, y es que si sabemos de antemano qué emociones o sentimientos pueden aparecer, podemos gestionarlo de una manera mejor que si nos encontramos con estos de una manera inesperada.
  • Despedirnos de la persona fallecida, podemos decir o escribir todos los asuntos que han quedado pendientes o poder decirle adiós si no hemos tenido la oportunidad, de esta manera facilitaremos el proceso de duelo.
En conclusión podemos decir que es un proceso en el que cada persona recorre su camino a su ritmo, no es un camino nada fácil, pero tenemos que recorrerlo. No es un camino corto, pero tenemos que recorrerlo. Es un camino que comenzamos acompañados y ahora no lo estamos, pero tenemos que recorrerlo.







martes, 25 de octubre de 2016

Sexualidad

Nuestra vida sexual viene determinada por nuestras experiencias previas, por cómo nos han educado en esta área, por cuál ha sido nuestro aprendizaje y cómo lo hemos llevado a cabo. Somos seres sexuados y vamos descubriendo nuestra identidad y nuestra orientación sexual.

La sexualidad es mucho más que la práctica de determinadas conductas, son actitudes, sentimientos, el componente social, biológico o cultural de cómo vivimos nuestro sexo (si nos consideramos heterosexuales, homosexuales, si somos más femeninos, etc.), cada persona lo vive de manera diferente y se va construyendo a lo largo de nuestra vida, y la manera que tenemos de expresar nuestra sexualidad es a través de la erótica.

Es una de nuestras funciones básicas y es un área importante para nosotros, no solo para reproducirnos, sino para comunicarnos de una manera diferente con nuestra pareja u compañero, por su valor reforzante, ya que es placentero en sí mismo y para sentirnos deseados y desear a nuestro compañero.



Es una parte esencial cuando tenemos pareja de una manera bidireccional, puede ser que debido a ciertos problemas en otras áreas (reparto de tareas en el hogar, problemas en el trabajo, etc.) está puede verse afectada, o al revés, si hay algún problema que surge en el área sexual, se vea repercutido en otro área. Pero esta relación también se puede dar en personas solteras.

A pesar de que es un tema del que se empieza a hablar de una manera más natural, aun podemos encontrarnos con dificultades a la hora de compartirlo con nuestro entorno o profesionales, y a pesar de que es una parte íntima de nuestra vida, podemos aprender a normalizarlo.

¿Qué es la respuesta sexual?

Abarca un conjunto de cambios psicofisiológicos asociados a conductas eróticas. El término psicofisiológico hace referencia a dos aspectos, por un lado encontramos cambios físicos en nuestro organismo; la erección, lubricación, aumento del clítoris, etc. y por otro lado está la parte psicológica, que abarcan desde nuestras percepciones sensoriales, hasta pensamientos o valoraciones sobre la satisfacción de nuestras conductas eróticas.
No debemos olvidarnos de las emociones, ya que también juegan un papel importante y van de la mano de nuestros pensamientos y percepciones sensoriales, de manera que si estamos centrados en ese momento, nos dejamos llevar y focalizamos la atención en las sensaciones corporales, es más probable que disfrutemos de esa experiencia. Sin embargo, si nos enredamos en pensamientos o preocupaciones durante las prácticas eróticas, pasando por alto las caricias, besos, etc. con la idea de que termine rápido, o hemos tenido una mala experiencia previa es más probable que no disfrutemos.

La respuesta sexual es un continuo donde se sitúan determinadas fases que van en progresión con las conductas eróticas, es decir, que no se puede saltar de una fase a la otra, hay que pasar por las diferentes pases para poder llegar al orgasmo.

  • Deseo; se caracteriza por tener un componente psicológico, ya que el deseo es fruto de pensamientos o fantasía sexuales o del propio deseo tener relaciones eróticas.
  • Excitación; es una fase con componente físico, se van dando cambios en nuestro organismo que nos preparan para poder mantener relaciones eróticas; se produce la erección, se hincha el clítoris, comienza la lubricación, etc. Pero no todo es físico, encontramos una parte psicológica de sensación de excitación subjetiva.
  • Orgasmo; al igual que la excitación, la mayor parte de esta fase viene determinada por cambios físicos; se produce la eyaculación, hay contracciones en el útero y vagina, etc. Encontramos también componentes cognitivos de sensación de placer y estado de placer
  • Resolución; el organismo poco a poco va volviendo a su estado inicial y aparecen sensaciones de alivio y un estado de relajación.
  • Satisfacción sexual; esta última fase tiene sobre todo un componente subjetivo psicológico, ya que se realiza una valoración de cómo ha sido la experiencia erótica, si ha sido positiva o si hay algo que se puede cambiar para mejorarla.

¿Qué problemas pueden surgir en cada fase?

Los problemas relacionados con esta área que impiden tener una satisfacción de la sexualidad son las disfunciones sexuales. Provocan malestar y afectan en nuestra calidad de vida. Vienen determinadas por numerosos y diferentes factores; se pueden deber a factores médicos, orgánicos, educativos, etc. pero los que más peso suelen tener y que explican el mantenimiento del problema son los psicológicos. 
Se agrupan dependiendo de la fase de la respuesta sexual en la que se encuentre la problemática.
Las terapias psicológicas están muy indicadas para el tratamiento de disfunciones sexuales porque tienen un porcentaje de eficacia bastante elevado (entorno al 80-85%).

Las disfunciones que nos podemos encontrar:

Fase de Deseo:
Bajo o elevado deseo sexual
Deseo sexual inhibido; ausencia de deseo
Aversión al sexo


Fase de Excitación:
Excitación sexual inhibida: se caracteriza por la dificultad de excitarse.
Disfunción eréctil: se caracteriza por problemas para conseguir o mantener la erección.


Fase de Orgasmo:

Alteraciones en la eyaculación; eyacular o después de lo deseado
Anorgasmia; dificultad para tener orgasmos
Insensibilidad orgásmica; dificultad para sentir el orgasmo o placer de este.


Otras disfunciones 

Vaginismo: dificultad para la penetración debido a la contracción de los músculos de la vagina involuntaria.
Dispareunia: dolor físico en los genitales femeninos durante las relaciones sexuales
Evitación sexual: miedo o ansiedad intensa ante relaciones eróticas.

 "El hablar de sexo ha dejado de ser tabú, a cambio de que el tabú sea el propio sexo."(Valérie Tasso)


martes, 11 de octubre de 2016

Relaciones Sociales y emociones

"No conozco el secreto del éxito. Pero el secreto del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo" (Bill Cosby)

El ser humano es sociable por naturaleza, pero no por ello quiere decir que nos sepamos desenvolver bien socialmente.

Las habilidades sociales nos sirven para establecer relaciones sociales satisfactorias, pero no solo dependen de nuestras herramientas o de cómo nos desenvolvemos, también de cómo gestionamos nuestros sentimientos y los de los demás.

Las relaciones sociales pueden ser un arma de doble filo, ya que por un lado pueden ser nuestra fuente de bienestar, nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, nos sirve como efecto amortiguador cuando surge un problema en otra área y nos hace sentirnos bien al disfrutar de planes que deseamos con nuestros amigos o familiares fomentando nuestro autoconcepto (imagen que nos formamos de nosotros mismos) y autoestima (valoración de esa imagen que hemos creado).

Pero por el otro lado, pueden generarnos mucho malestar si no sabemos cómo podemos afrontar un determinado problema o conflicto, teniendo repercusiones en nuestro estado psicológico, ya que puede aparecer emociones cómo frustración, ira o tristeza, que mantenidas en el tiempo y sumadas a un déficit en las relaciones sociales pueden favorecer la aparición de ansiedad o depresión.

Muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones y decimos cosas que nos vienen a la cabeza de las que luego nos arrepentimos. Estas situaciones, generalmente y aunque no todas, vienen determinadas por nuestras vivencias, experiencias sociales previas e interpretación que hagamos de la situación, es decir, que ante una misma situación social dos personas van actuar de maneras diferentes porque ambas personas no interpretan de la misma manera el lenguaje no verbal o el mensaje que se trasmite.

Esto afecta en la calidad de nuestras relaciones, porque algunos de nuestros pensamientos anticipatorios pueden determinan nuestra conducta, por ejemplo si yo estoy en una parada de autobús y una persona me sonríe puedo interpretar que le agrado a esa persona o puedo interpretar que estoy haciendo el ridículo porque esa persona se está riendo de mí.

Otro aspecto que influye en la manera de relacionarnos es expresar nuestra opinión. Muchas veces se generan conflictos entre dos personas que no están de acuerdo, favoreciendo que haya algún conflicto entre ambas. Por ello es importante gestionar cómo trasmitimos nuestra opinión y cómo hacerlo, debido a que nos tenemos que adaptar tanto a como trasmitir a la persona que tenemos delante, cómo a la situación de una manera correcta.

Pero ¿qué es de manera correcta?  Consiste en saber qué es lo que quieres en cada momento, en no exigir, en aceptar nuestras limitaciones, en luchar por conseguir nuestros objetivos, en mantener tus ideales y en aprender a manejar y comprender de manera adecuada sus sentimientos o emociones y las de los demás.

Por lo que no es cuestión solo de aprender a cómo y cuándo decir las cosas, también hay que aprender a gestionar nuestras emociones para no arrepentirnos de lo que hacemos o decimos cuando nos convertimos en pura emoción.

¿Cómo podemos gestionar las emociones?

En primer lugar tenemos que conocernos, conocer cuando empezamos a enfadarnos o a qué sentimientos se están despertando y discriminar cuando nuestras emociones se encuentran en los niveles más altos.
Podemos verlo como si fuéramos un semáforo, cuando estamos en verde, nos encontramos bien, tranquilos, cómo normalmente somos. En ámbar es cuando empezamos a encontrarnos irritables, molestos, notamos que nos estamos enfadando. Por último, el semáforo se pone en rojo porque estamos realmente enfadados, en este estado no es aconsejable tomar decisiones o realizar algún acto, ya que al estar influenciados por una emoción intensa, es más probable que  crucemos ciertos límites que si estamos en luz verde no haríamos, porque conocemos las repercusiones que pueden tener.

Diferenciar en que color nos encontramos es uno de los primeros pasos para poder utilizar herramientas con el objetivo de reducir el número de veces que llegamos al color rojo, y es que no actuamos igual si estamos tranquilos que si estamos enfadados.

Técnicas cómo relajación (respiración abdominal, relajación muscular, etc.), autoinstrucciones (frases cortas que nos orienten a nuestro objetivo), tiempo fuera (sobre todo cuando nos encontramos en el color rojo, tenemos que distanciarnos de la situación que nos está generando esa emoción) o reestructurar pensamientos (aprender a darnos cuenta de si lo que pensamos es lo que nos está causando un estado emocional determinado, de si algún pensamiento anticipatorio está impidiendo que sigamos avanzando o si tenemos algún prejuicio que nos está frenando y aprender a poner alternativas a esos pensamientos) son algunas de las que puedes utilizar para gestionar las emociones.

Las relaciones sociales se ven afectadas cuando aparecen los conflictos o discrepancias entre amigos o familiares, el aprender a gestionar las emociones no solo las propias, también las de los demás, es clave para una mejor calidad de nuestras relaciones al favorecer un ambiente más cómodo y agradable, y al fomentar el bienestar psicológico y social.


En resumen podemos decir que para desenvolvernos bien socialmente, no solo dependemos del contexto, también dependemos de la gestión que nosotros hagamos de nuestras emociones.